Si no hay administrador profesional
El presidente deja de ser el archivo del edificio. Cuando el año que viene le toque a otro vecino, hereda todo lo que pasó y no un móvil lleno de fotos sueltas.
Una gotera en el garaje a las 22:14. El ascensor parado un lunes por la mañana. MenorcaBloc le da a cada avería un estado, un responsable, un historial y —cuando toca— un correo a quien le afecta. Y nada de eso es público por defecto.
[ Incidencias ]
De un ascensor averiado a una luz que parpadea — los residentes lo notifican, los administradores lo gestionan, todos ven el estado.
El problema
En la mayoría de las comunidades, una avería empieza como un mensaje en el grupo del edificio. Cuatro vecinos responden, dos mandan la misma foto, alguien pregunta si ya se ha avisado al seguro y el hilo se hunde bajo los mensajes del día siguiente. Nadie sabe si el problema está en curso o simplemente olvidado, porque un mensaje no tiene estado.
El administrador acaba haciendo de buscador humano. Reconstruye a mano qué se reportó, cuándo, quién lo vio y qué se hizo, y esa reconstrucción se pierde entera en cuanto cambia el administrador o el presidente. La memoria de la comunidad vive en el móvil de una persona.
Y hay un problema más silencioso: la privacidad. Un parte de incidencias en un grupo de vecinos expone humedades, obras y conflictos de un piso concreto a todo el edificio. En MenorcaBloc la incidencia nace privada —solo la ve quien la reporta y la administración— y compartirla con la comunidad es una decisión explícita que alguien toma, no el estado por defecto.
Cómo funciona
Desde el móvil, en un minuto: qué pasa, dónde y una foto. La ubicación se elige de una lista con las zonas del edificio, así que nadie tiene que explicar dónde está el cuarto de contadores.
La administración recibe un correo en cuanto se reporta. Nadie tiene que estar mirando la aplicación para enterarse, y el vecino no depende de cruzarse con alguien en el ascensor.
La incidencia pasa por abierta, en curso y resuelta, y cada novedad queda escrita debajo. El vecino ve en qué punto está sin tener que preguntar.
Al resolverla, quien estaba afectado recibe un correo con el desenlace. Y la avería queda guardada con su fecha y su historia, para el año que viene o para el seguro.
En la práctica
El presidente deja de ser el archivo del edificio. Cuando el año que viene le toque a otro vecino, hereda todo lo que pasó y no un móvil lleno de fotos sueltas.
Cada edificio con su tablero y su histórico, sin que se crucen. Y cuando llega la reunión con el seguro o la memoria anual, el listado sale hecho.
Un parte con fotos, fechas y todo lo que se fue haciendo es exactamente lo que pide una promotora. Reclamar deja de depender de lo que alguien recuerde.
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